18. LA PIEDRA Y SU MEMORIA

octubre 4, 2012

Las canteras tafallesas brindaron a la población y las autoridades de distintas épocas el alimento a sus anhelos constructores. En el siglo XV, un sólido muro pétreo ceñía la villa; en él se abrían los portales de acceso: el del Río, de Olite o Portal Viejo, el Portal Nuevo, el de Falces, el de Estella, el de Artajona, el de los Maderos, el de Pueyo y el de Esperagrana. Un conjunto de 35 torres se distribuía a lo largo de todo su perímetro. Aquella muralla protegió la vida cotidiana de los habitantes de Tafalla. Tras la conquista del reino de Navarra por Castilla, se concedieron retazos de muro y torres a soldados del ejército castellano, ocasionando serios pleitos con la población.

En el siglo XVII, tremendas carretadas de piedra permitieron agrandar los dos templos parroquiales; levantar los nuevos conventos de Capuchinos y Concepcionistas Recoletas; construir plazas, calles y carreteras modificando los símbolos del pasado medieval. A pesar de que todavía no se había producido la expansión de la villa fuera de los límites de la muralla, la tendencia era acercarse hacia las zonas más llanas. En el año 1872 se construyó el fuerte del Serrallo con piedras de la muralla y cuatro años después, el final de la guerra carlista, fue fecha clave para la demolición de las fortificaciones.

La piedra ostenta su belleza en los monumentos religiosos, las sobrias casas y palacios, los blasones de las fachadas; la piedra sustenta los puentes de la Panueva y el Portal del Río; el empedrado de las calles, las tapas de alcantarilla o puntidos son nuestros emblemas; los corrales y caseríos poseen su rústica y hermosa fábrica de piedra; las casetas que guardan los aperos de labranza se mimetizan con el paisaje; las valiosa fuentes se alumbraron en piedra. La piedra alberga en su seno la memoria del tiempo.

Además del itinerario propuesto, desde estas páginas nos permitimos sugerir la observación de la fachada del palacio barroco de casa Azcona, en la avenida Sangüesa. Esta casa de tres alturas en piedra de sillería alberga una importantísima biblioteca.

Podemos apreciar las restauraciones efectuadas en la cuesta Bayona y la Plaza de la Higuera: construcciones recuperadas sin menoscabar aspectos arquitectónicos tradicionales, a los que se han añadido elementos de modernidad.

La piedra, por descuido, dejadez o falta de sensibilidad, en distintas ocasiones ha terminado sus días en las encombreras. Si pensáramos en el trabajo que nuestros ancestros han volcado en ese noble material ofrecido por la tierra, tal vez nos sentiríamos un poco más agradecidos. La piedra, al fin, es testigo de nuestra historia.

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