AURORAS

El sacerdote e investigador Pedro María Flamarique, certifica la existencia de La Asociación de la Aurora desde hace casi dos siglos. La Aurora es una oración dedicada al santo del día que se canta en las calles a primera hora de la mañana.

La Asociación de la Aurora conserva seis libros; cuatro de ellos contienen las letrillas-oraciones y los otros dos guardan las melodías. El origen de las Auroras se remonta a los siglos XVII y XVIII con las Cofradías del Santísimo Rosario.

Los auroros anuncian su canto con el sonido de una campanilla e interpretan sus plegarias acompañados con música de viento. Su presencia en las calles es de 25 veces al año, en un recorrido de una hora y media.

El Día grande lo celebran el primer domingo de octubre, cuando cantan sus más sentidas melodías y recorren en procesión las calles, acompañados de buen número de feligreses y feligresas.

ROMERÍA A SAN GREGORIO

Se celebra el domingo más cercano al 9 de mayo, festividad del Santo. El voto municipal de guardar fiesta de San Gregorio y hacer romería a la ermita está documentado en 1591.

La ermita, en el paraje de su nombre, se construyó en el siglo XVII y fue remodelada a finales del XIX. En el año 2005, la pintora Asun Rekena realizó la restauración del retablo.

A cielo descubierto se celebra una misa tras la que se procede a la bendición de los campos. El Ayuntamiento ofrece a los asistentes la tradicional arrozada; un delicioso arroz con leche que se prepara por personas voluntariosas con cien litros de leche, doce Kg de arroz y diez de azúcar.

La escritora tafallesa María del Villar Berruezo recrea un divertido episodio ocurrido el día de la romería, en un relato titulado Capucete en San Gregorio, incluido en el libro La Carpia, su burro y yo.

ROMERÍA A UJUÉ

El domingo siguiente a San Marcos (25 de abril), se celebra una de las tradiciones mas arraigada en Tafalla: la peregrinación al Santuario de la Virgen de Ujué.

Esta localidad situada a 20 Km. de nuestra Ciudad visitada por tafalleses y vecinos de otros pueblos de la merindad, concentra en esa fecha a miles de personas, y caracteriza a esta romería como una de las más importantes de Navarra.

Entre los grandes santuarios marianos de Navarra, Ujué ocupa un lugar privilegiado por su situación geográfica. Los romeros se visten de túnica negra, cubren su rostro con un capillo del mismo color y a veces arrastran cadenas; algunos peregrinos portan cruces de madera adornadas con flores y arbustos florecidos.

La Hermandad de los Doce Apóstoles peregrina a Ujué desde 1607 a la medianoche del 1 de mayo. En silencio, con una vela encendida en su mano derecha y un báculo a la izquierda, los romeros llegan al santuario a las cuatro de la madrugada. Tras la celebración de la misa en la basílica, a las seis de la mañana, con las primeras luces del alba, parten hacia Tafalla. Un almuerzo campestre, dilata la llegada a Santa María que sucede cuando en el reloj parroquial suenan las doce campanadas del mediodía.

Los peregrinos salen de Tafalla a las cinco de la mañana en procesión, de uno en uno, y caminan los veinte kilómetros hacia el santuario. Allí transcurre el día en un ambiente de fraternidad y al atardecer regresan para entrar en Tafalla ya a oscuras. Cantan letrillas, himnos y letanías que, tanto los tafalleses como los pueblos vecinos, conservan desde hace siglos y todo ello adquiere un carácter ancestral y de religiosidad enraizada. El ritual de la romería deja en el aire un aroma de tiempo detenido que se remonta hasta la Edad Media.

SEMANA SANTA

La Hermandad de la Pasión se encarga cada año de organizar la procesión del Santo Entierro, en la que participan 700 personas. Los diez pasos, de los que Asun Rekena ha restaurado en los últimos años el que carga la Hermandad de los Doce (de la Lanzada) y el de la Cruz Alzada, discurren a hombros de los porteadores por las calles más céntricas de la Ciudad.

Numerosas personas se entregan a la tarea de adecentar los pasos o renovar el vestuario de los participantes.

La procesión se inicia con la presencia de niños y niñas ataviados con túnicas que recuerdan a los habitantes de Palestina, y los cantos de la Escolanía de Escolapios. En la tradicional representación de la Pasión y muerte de Jesús, no falta la presencia de María, las Siete Palabras o la legión romana.

El sonido profundo de los atabales resuena en el silencio y recogimiento de las calles durante las dos horas de procesión. La Banda de Música, solemne, cierra la comitiva detrás de autoridades eclesiásticas y civiles.